ENREDANDO CONOCIMIENTO (7)
Julio 3, 2012 by Juan Carlos García de los Reyes
noticias
De todas las redes de conocimiento que conforman la UIM, recogemos periódicamente los temas que a nuestro juicio son merecedores de destacar por su relevancia para cada temática o por su relación con la red desde donde os hablamos.
Aunque para los seguidores habituales serán de sobra conocidas, os recordamos todas y cada una de las redes de conocimiento:
Red de cooperación internacional
Red de Desarrollo Económico Local
Red de Políticas para las Personas
Red de Urbanismo y Medio Ambiente

Redes de conocimiento
En esta ocasión queremos destacar las conclusiones del foro celebrado en la Red de Género: Conclusiones del Foro Virtual: “Las nuevas masculinidades y el papel de los hombres en la lucha por la igualdad de género”
Preliminarmente, existen diversos instrumentos internacionales que instan a la promoción de la equidad de género y la igualdad de oportunidades entre los que se encuentra la Declaración de Beijing que alienta a los hombres a participar plenamente en todas las acciones encaminadas a garantizar la igualdad.
Consecuentemente, el fortalecimiento democrático y el proceso de construcción ciudadana debe involucrar e implicar a hombres y mujeres en forma conjunta, convergente y articulada, planteando la necesidad prioritaria de explorar, valorizar y resignificar conceptos, valores y dinámicas de actuación.
Por ello, es vital propiciar el nacimiento de un entramado que permita la discusión, el debate, la interacción y la formulación de acciones concretas y consistentes destinadas a consolidar la equidad de género y la igualdad de oportunidades en el contexto de un contrato social que plantee una interrelación virtuosa y equitativa entre hombres y mujeres.
En correlato, la dualidad y la dicotomía entre lo femenino y lo masculino vuelve inevitable la necesidad de abordar el concepto de paridad como una expresión de redistribución del poder en distintos ámbitos, particularizado en una dimensión más profunda e integral relacionada con la puesta en valor de los derechos humanos.
Por ende, ese abordaje requiere superar la concepción del enfoque de género como mero apéndice suplementario o como simple mirada sectorial, y operativizar en consecuencia, el avance de la equidad de género como parte intrínseca de la promoción de derechos humanos, y en definitiva, la institucionalización de la perspectiva de género en el ámbito de las políticas públicas.
En definitiva, es preciso fortalecer las capacidades técnicas, diseñar políticas sensibles a la dimensión de género, perfeccionar los análisis y diagnósticos que las originan, así como monitorear y evaluar las acciones propuestas. Asimismo, se percibe que la búsqueda de la equidad de género implica un profundo y estructural cambio cultural, y un viraje en el modo de comprender y proyectar las relaciones sociales, sustentado en un marco cognitivo y político en el que los derechos de mujeres y hombres tengan igual valor en todos los ámbitos existentes.
Es esencial reconocer que el rol asignado a los hombres y a las mujeres no se construye solamente por las diferencias biológicas ni sexuales, sino por una cultura añeja, por un sistema educativo escolar endeble -que genera discriminación y remarca diferencias-, por un mensaje trastocado que nos hacen llegar los medios de comunicación, por una tradición social que indica qué debe hacer la mujer, y a partir de ahí las diferencias se trasladan, como un corsé, en el resto de la vida en comunidad. Esta idea lleva implícita, aunque no se la nombre, la imagen de fortaleza física del hombre y la sumisión ante esa figura por parte de la mujer.
La masculinidad en el entorno de una dimensión positiva y de vanguardia, debe ser planteada como una “nueva” posición del hombre que no solamente reconoce la necesidad de afianzar el plano de igualdad con la mujer, sino que asume consecuentemente el compromiso de hacer algo en esa sintonía o direccionamiento. Definir con desprecio el círculo vicioso descripto anteriormente es un primer paso para avanzar en la construcción de un círculo virtuoso donde la consigna debe ser clara: el hombre como complemento de la mujer y viceversa. Por ello, la imagen de construcción colectiva, inclusiva, igualitaria, tolerante, se torna prioritaria.
En consecuencia, promover nuevas masculinidades no debería ser considerada como falta de atención hacia las mujeres, sin embargo no podemos soslayar que esta perspectiva puede ser funcional a quienes descreen de la necesidad de atender las desigualdades históricas de las mujeres, ya sea porque las desconocen o por un posicionamiento conservador que ubica a las mujeres en tal situación.
En virtud de ello, se divisa claramente que lo sensato sería no poner en tensión tales dimensiones, hablar de géneros es hablar de las diversidades de experiencias e identidades del conjunto de sujetos sociales. Por consiguiente, es posible que lo que predomine responda a estereotipos simplistas de mujeres victimizadas e impotentes por un lado, y de hombres poderosos y violentos, por el otro.
El trabajo de involucramiento del hombre en la equidad de género requiere de una cuidadosa reflexión y análisis para evitar poner en tensión los derechos ganados en empoderar a las mujeres, “los derechos a tener derechos” que siempre están amenazados y corren peligro de retroceso.
Lo cierto es que hoy en día existe una falta de modelos masculinos igualitarios, lo que puede hacerles más difícil la tarea a los más jóvenes, pero también es cierto que la evolución de los roles de género esta cada vez más presente en la sociedad, lo que compensa esta falta de modelos.
Consecuentemente, el concepto de género surge para “acabar con las omnipresentes teorías deterministas biológicas que interpretaban el lugar de hombres y mujeres en la estructura social como consecuencia de características biológicas.” (Maquieira, 2001). Digamos que la idea de género, tal como la conocemos, nace para cuestionar la preponderancia de una cuestión biológica para diferenciar al hombre de la mujer.
Por lo tanto, el uso del género llevó a que las diferencias sexuales se reconozcan, valoren, interpreten y organicen de otra manera, criticando al mismo tiempo la esencia de lo femenino y lo masculino como tal. El género, como concepto de construcción cultural, genera normas, pautas, lineamientos, lo que hace que nos involucre a todos y genere la necesidad de valorarlo en un contexto social. El punto máximo se logra cuando se entiende al género como un sistema.
Por ello es oportuno resaltar que el género no constituye un producto acabado o definitivo, sino un fenómeno que se inscribe y se inserta en las dinámicas socioculturales locales y situaciones de interacción social. Abordando la fenomenología social de Schutz (1993) y de Berguer y Luckman (1995), las personas actúan en el mundo a partir del conocimiento que tienen de él y que comparten con otros individuos. Al mismo tiempo, el individuo se encuentra desde su nacimiento en una relación activa con el mundo en el que nació y su personalidad se forma a través de esta relación (Heller, 1985).
En consonancia, el replanteo de conductas, el cambio de actitudes, la construcción de masculinidades que faciliten el desarrollo, bienestar y protección de los derechos de todos, así como la generación de nuevas formas de relación basadas en el respeto, el afecto por sobre el poder y el control, constituyen cuestiones impostergables, dado que la masculinidad es una polaridad valiosa para la construcción de los derechos humanos.
Falta mucho por hacer…, seguir construyendo conciencia, criterios, orientaciones metodológicas, abordajes, puentes, pero felizmente en los últimos años se produjeron alentadores avances en la materia y en forma creciente se viene instalando la temática en la agenda pública.
Gobernar con perspectiva de género no es sólo cuestión de institucionalización; gobernar en clave de género no constituye una moda sino una necesidad económica y social imperante.
Aprendiendo, desaprendiendo y andando podemos hacer el camino……….
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En otro orden de cosas, en la Red de Servicios Públicos, se hace eco de las conclusiones de del XXIV Seminario Regional de Política Fiscal, donde la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena aludía a que “La inversión en América Latina es insuficiente para alcanzar el desarrollo (..) Debería estar orientada a mejorar la infraestructura, a aumentar la investigación, ciencia e innovación, a promover instituciones bancarias para el desarrollo y a fomentar matrices más limpias desde el punto de vista ambiental.
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Por otro ladon el al red de políticas para las personas, destacamos que La OCO realiza más de 30 misiones en 2011 para implementar su metodología. Durante 2011 la Oficina de Coordinación y Orientación (OCO) ha realizado más de 30 misiones para implementar la metodología de identificación de los posibles aportes de los proyectos URB-AL III a las políticas públicas de cohesión social
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Y damos por finalizada esta pequeña semblanza de las ultimas semanas de las redes de conocimiento…!pero por supuesto que hay mucho mas¡
…enREDate CON nosOTROS






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